Entrevista con Marcos Glauser miembro de IA Iniciativa Amotocodie
“Obtienen más apoyo cuando presentan sus demandas y reivindicaciones desde una perspectiva de defensa ambiental, de defensa ecológica, de defensa de los recursos naturales, y no desde un enfoque basado en su derecho a la tierra o al territorio”.
Marcos Glauser es un antropólogo paraguayo y colaborador de larga data de Iniciativa Amotocodie, una ONG fundada en 2002 que trabaja en la región del Gran Chaco. Durante 24 años, la organización se ha dedicado al acompañamiento del pueblo ayoreo, incluyendo entre 6 y 10 grupos que viven aislados en el norte del Chaco paraguayo y boliviano. Glauser conversó con Carolina Gil Posse sobre la metodología de acompañamiento, las limitaciones de los marcos climáticos y de conservación para las comunidades que no participan en la economía monetaria, y lo que se requiere para lograr el reconocimiento de los pueblos indígenas en aislamiento en un contexto adverso en el que incluso su existencia ha sido cuestionada.
Nombre:
Marcos Glauser
Organización:
IA Iniciativa Amotocodie
País:
Paraguay
Entrevistador/a:
Carolina Gil Posse
Áreas de acción:
Tecnología y Conocimientos Tradicionales, Cambio Climático y la Conservación. Políticas de Reconocimiento y Protección, Resultados Medibles, PIACI como Categoría Global
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Sobre lo que funciona
La combinación de tecnología moderna con conocimientos tradicionales produce pruebas difíciles de refutar.
Marcos describe el enfoque de Iniciativa Amotocodie como uno de acompañamiento: una decisión deliberada de seguir los procesos existentes sobre el terreno en lugar de proponer soluciones predeterminadas. Así, los primeros años se centraron en la escucha: estar presentes en el territorio, construir relaciones y aprender de las comunidades ayoreo.
Este proceso minucioso y sobre el terreno dio lugar a viajes de monitoreo que combinaron tecnologías cartográficas modernas con el conocimiento tradicional de los miembros de la comunidad ayorea, quienes podían identificar señales de presencia invisibles para los observadores externos. Con esta ayuda, registraron cientos de señales de presencia en todo el norte del Chaco, confirmando la existencia de múltiples grupos en aislamiento, en un momento crítico en el que tanto las empresas como el gobierno negaban activamente dicha existencia.
El impacto práctico de esta metodología ha sido concreto y duradero. Tras 24 años, la existencia de los grupos ayoreo en aislamiento se reconoce, al menos parcialmente. Los planes de gestión del Parque Nacional Defensores del Chaco y de la Reserva Monumental Cerro Chovoreca ahora incluyen el reconocimiento de la presencia de estos grupos y de todo el territorio como territorio ancestral tradicional del pueblo ayoreo.
Los viajes de monitoreo también produjeron algo menos cuantificable, pero igualmente significativo: los ancianos ayoreo, nacidos en el bosque y contactados por misioneros, pudieron regresar a su territorio por primera vez en 40 años y comprobaron que el bosque seguía en pie. “A través de estos viajes, se despierta y se reconstruye la memoria de ese pueblo y ese territorio”, afirma Marcos. “Se reaviva esa conexión con ese territorio”.
El progreso es incompleto. Hasta el momento, el reconocimiento estatal se ha limitado a los Ayoreo-Totobiegosode y a un territorio designado, dejando a otros pueblos indígenas en aislamiento que viven fuera de esa zona patrimonial sin protección formal.
En la intersección de la agenda climática y los derechos de los PIACI
Los marcos de trabajo sobre el cambio climático y la conservación tienen un gran potencial, pero es necesario seguir trabajando para garantizar que los beneficios sean relevantes para las comunidades indígenas en aislamiento.
Marcos considera que la narrativa del “defensor ambiental” es una de las herramientas más eficaces a disposición de las organizaciones indígenas que buscan apoyo y aliados. Enmarcar las demandas territoriales en torno a la defensa del ambiente, en lugar de solo los derechos sobre la tierra, está dando mejores resultados, y existe una tendencia creciente entre los financiadores internacionales a reconocer el papel que desempeñan los pueblos indígenas en la conservación. Sin embargo, existen riesgos: las políticas de conservación bienintencionadas a menudo terminan reproduciendo las mismas desigualdades estructurales que pretenden abordar, particularmente en los mercados de carbono, donde las comunidades indígenas, a pesar de ser quienes han mantenido intactos los bosques, se ven obligadas a competir con grandes terratenientes con mucho mayor acceso político y económico. Cualquier iniciativa de conservación que no tenga en cuenta la diferencia entre una visión externa de los bosques como recursos y la comprensión indígena de los bosques como el mundo mismo corre el riesgo de ser, en el mejor de los casos, superficial.
Una excepción concreta y prometedora es la categoría emergente de Territorios Indígenas de Conservación Ambiental, que permitiría a las comunidades canalizar fondos de conservación hacia la gestión de sus propios territorios, otorgándoles una verdadera capacidad de acción en lugar de obligarlas a competir en mercados diseñados para otros.
Sobre la rendición de cuentas del gobierno
La voluntad política, y no solo las políticas, determina si el reconocimiento se traduce en protección.
El gobierno paraguayo ha dado pasos importantes, como el reconocimiento de la Zona de Patrimonio Natural y Cultural Ayoreo-Totobiegosode y la firma de un protocolo para prevenir el contacto. Sin embargo, estos logros requirieron un enorme esfuerzo por parte de organizaciones no gubernamentales y del pueblo Ayoreo, y dejan importantes lagunas. El reconocimiento estatal se ha limitado a un solo grupo y un solo territorio, dejando desprotegidos a otros grupos en aislamiento. Ampliar dicho reconocimiento exige voluntad política para aceptar la existencia de estos otros grupos y desarrollar protocolos aplicables más allá del territorio ya reconocido. Para Marcos, esta brecha entre lo logrado y lo que queda por hacer es principalmente un problema político, no técnico.
En el panorama de la financiación
El giro hacia resultados medibles a corto plazo es incompatible con el tipo de trabajo que realmente protege a los pueblos aislados.
Marcos analiza el cambio de prioridades de los donantes y las agencias de financiación, que han dejado de apoyar el trabajo institucional a largo plazo para centrarse en proyectos a corto plazo con resultados medibles y replicables. Este cambio genera una tensión fundamental con el enfoque de acompañamiento que practica Iniciativa Amotocodie, un trabajo que, por definición, es lento, relacional y difícil de cuantificar, y que se centra más en proteger y descubrir los procesos existentes y en cómo guiarlos, cómo revitalizarlos y cómo empoderar al pueblo Ayoreo para que asuma un papel protagonista en las decisiones que toman para construir su futuro. Para lograr estos objetivos de transformación sistémica, la organización necesita un compromiso a mediano y largo plazo, incluso cuando los resultados no sean visibles en los plazos que los financiadores exigen cada vez con mayor frecuencia.
Al establecer a los PIACI como una categoría global reconocida
Para crear una categoría global es necesario aceptar la complejidad, no simplificarla.
Marcos aporta una perspectiva matizada a la cuestión de consolidar el reconocimiento de los PIACI en tanto categoría conceptual de alcance global. Considera que este esfuerzo es necesario y merece la pena, sobre todo porque la interacción con otros contextos, como Indonesia, ayuda a las organizaciones a identificar diferencias en sus propias metodologías y definiciones que de otro modo podrían pasar por alto. Sin embargo, crear una categoría que abarque situaciones tan diversas y dispares como la de los Ayoreo en el Chaco y los pueblos indígenas en aislamiento en las islas oceánicas de Indonesia presenta dificultades de traducción no solo entre idiomas, sino también entre contextos nacionales, marcos legales y realidades políticas fundamentalmente diferentes.
Para Marcos, el objetivo no debería ser una metodología unificada, sino un espacio compartido para la reflexión, donde las organizaciones puedan contrastar sus enfoques, identificar diferencias y profundizar en los debates que el GTI-PIACI ya ha estado desarrollando en toda América Latina.